Crecer desde el sufrimiento

*Marta Saenz Correa

Hoy deseo compartirles lo expresado por los psicólogos españoles: Miquel Vilardell, Tina Parayre, y Ramón Bayes, sobre el sufrimiento en su libro: “El Dolor Emocional”. Tema que considero de vital importancia por cuanto todos de alguna manera estamos expuestos a pasar por momentos que nos pueden ocasionar sufrimiento.

El sueño de todos es llevar una vida libre de sufrimiento, que es entendido como el padecimiento de un dolor que no es físico, sino provocado por las emociones derivadas de los reveses de la vida, que poco tienen que ver con las pérdidas materiales. La pregunta del millón: ¿es posible? La respuesta es NO; lo sería si las variables de la vida que conducen al sufrimiento fueran controlables, pero hay muchas que tú no controlas. Lo importante es estar preparado para ese momento, porque si lo estás, tiene mayor posibilidad de darle respuesta y por tanto, de crecer. No es raro escuchar testimonios de personas que han sufrido profundamente y a pesar de ello reconocen que esa etapa de su vida les ha hecho mejores personas.

Hablar sobre el sufrimiento implica hacer referencia al dolor propio y a cómo prepararse para afrontarlo, pero también hablar sobre cómo podemos contribuir a minimizar el sufrimiento de quienes nos rodean. Indiscutiblemente tener relaciones sociales sólidas ayuda a reducir el impacto del dolor, luego entonces todos podemos tener un gran papel para aliviar el dolor ajeno. En ese proceso, hacer uso de la resiliencia es la clave, aquel mecanismo psicológico que permite que la persona que ha sufrido un revés importante despierte su instinto de supervivencia, y concentre sus fuerzas en levantarse y seguir adelante. Resiliencia no es sinónimo de olvidar ni de minimizar lo sucedido, sino de tener la fortaleza suficiente para volver a empezar y sobreponerse a partir de la experiencia que golpea a una persona.

En definitiva, el sufrimiento existe y nos sorprenderá tarde o temprano, con mayor o menor intensidad; es más, no sería demasiado arriesgado afirmar que el dolor que provocan las perdidas, o quizás la fuerza con que se siente ese dolor puede ser mayor en quienes han fundamentado su existencia en lo material, que en quienes la han basado en lo espiritual. Por eso, hay que darle sentido al dolor, solo así es posible soportarlo y no sentirse condenado a una tortura absurda.

Cuando tenemos el privilegio de contar con un gran entorno familiar o social, esta red contribuye a que su dolor y sufrimiento se vayan. El regalo de la amistad va íntimamente unido a la preparación, al aprendizaje, y a la resiliencia que nos evita el desmoronarnos y no ser capaces de seguir adelante, es decir, los elementos que permiten a la persona que sufre o que ha sufrido llegar a tener suficiente perspectiva para aprender y valorar que ha aprendido.

Para finalizar, si queremos sufrir lo menos posible debemos tener claro que el apego o las dependencias emocionales son los mayores motivos de sufrimiento de la humanidad. Sufrimos porque nos han educado pensando que las cosas no cambian y duran para siempre, mientras que las cosas cambian y se transforman; no nos educan para estar listos para la perdida, que es lo que nos genera sufrimiento. En palabras sencillas debemos aprender a perder y aceptar la desesperanza. Las motivaciones para seguir adelante y superar el sufrimiento no las vamos a encontrar fuera de nosotros, por lo general desearíamos que llegara alguien externo que nos ayudara aliviarlo. Pero la motivación la debemos buscar dentro de nosotros mismos; es crear la alegría dentro del sufrimiento, es una actitud, y un modo de responderle a la vida.

 

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