Defensa Pública Humanitaria de los Pueblos

 

Concordante con los principios expuestos de la sección “nosotros” de esta página, este observatorio social y humanístico, no puede sino resaltar la divulgación que en estas semanas han hecho los medios de comunicación mundiales y americanos.

Porque cuando los primeros han divulgado las migraciones del África hacia Europa, no hacen sino dar a conocer, por los menos, a occidente, la crisis que agobia a ciertos regímenes políticos y confesiones religiosas (especialmente la que reclama el auto denominado Estado Islámico) las defensas de sus pueblos y su progreso, con la indiferencia o tolerancia de la dirigencia y las organizaciones mundiales.

Lo mismo ha ocurrido, en esta ocasión, con la divulgación que se ha hecho en el continente americano de la “tragedia humanitaria” que sufren los miles de colombianos expulsados y deportados bajo la orden y responsabilidad del Gobierno de Maduro en Venezuela, como pública e insolentemente ha sido reconocida por el mismo.

Porque se ha tratado de una divulgación valerosa de los medios colombianos y extranjeros, que, de un lado, han dado a conocer al pueblo Venezolano las acciones inhumanas del Presidente Maduro, ocultadas por los medios de comunicación Venezolanos, que se encuentran bajo su control; y porque, del otro, al divulgar el rechazo de la OEA a la convocatoria de Cancilleres, también han puesto en evidencia no solo la prevalencia de intereses de conveniencia política internacional, sobre la dignidad y los intereses de la propia humanidad continental, sino también la debilidad y, más bien, la inoperancia en esta materia de “la actual diplomacia de la Organización de Estados Americanos (OEA)”.

Sin embargo, también debe reconocerse en dichos medios de comunicación la firmeza en el cumplimiento de su deber y su responsabilidad de informar y de facilitar la expresión de los pensamientos y las opiniones que libremente se han expuesto sobre la materia.- Todo ello para que ambos pueblos, el Venezolano y el Colombiano, no solo reclamen de sus gobiernos la solución oportuna de su drama humanitario, sino que exijan respeto a la fraternidad que los une como pueblos hermanos, y respeto al derecho inalienable a la unidad a que tienen las numerosas familias colombo-venezolanas que integran la frontera de Colombia y Venezuela.

Pues, la defensa de los derechos humanos que tienen los pueblos, especialmente los fronterizos, a relacionarse o integrarse y a establecer relaciones pacíficas familiares, fraternales o simplemente armónicas, así como la defensa de las libertades públicas, de la democracia, del bienestar y del progreso de los mismos, están por encima de los gobiernos, cualquiera que sea su nacionalidad, su clase, sus diferencias, sus intereses políticos, económicos y su imagen. Por lo tanto, si bien la prudencia de la diplomacia internacional recomienda la no injerencia en otros gobiernos, también lo es que la solidaridad humanitaria autoriza la defensa de la dignidad de los pueblos.

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