Los odios incendian y matan. ¡Queremos paz!

Horacio Serpa

El comienzo de semana me cogió en Lima, en donde presidí la Misión de Observación Electoral designada por UNASUR para las elecciones presidenciales del Perú. Tratando de anticipar mi vuelo de regreso caminaba por uno de los pasillos del aeropuerto cuando un señor se me acercó y me dijo con voz fuerte: “Serpa, le entregaron el país a las farc”. Algo que no entendí me expresó enseguida y ya bastante adelante se volteó para gritarme: “Ojalá tengan en cuenta a los diez millones de personas que marcharon el sábado”.

Cualquier cosa contesté al sorpresivo comentario, que relato en este escrito porque en varias oportunidades me han dicho lo mismo en diferentes partes, algunas veces con rabia, en airados reproches y en tono ofensivo. A compañeros del Partido Liberal que apoyan el proceso de paz y a colegas del Congreso Nacional los han insultado en la calle. Es una lástima que hayamos llegado a este grado de pugnacidad.

Cualquier gobierno puede válidamente tomar el camino que escogió el Presidente Santos. Otros también lo hicieron: Betancur, Barco, Gaviria, Samper y Pastrana. La Constitución dice que “la paz es un derecho y un deber”. Uribe se orientó por otra vía y el país le reconoció el derecho de hacerlo. No se entiende por qué ahora hay quienes asumen tan encendida actitud por un esfuerzo que  favorecerá a todos los colombianos.

No es cierto que el país se vaya a entregar a las Farc. Lo que se está haciendo es lograr que la guerrilla entre al sistema político actual, que con sus imperfecciones es mejor que la guerra. Lo que se pretende es acabarla, precisamente, para que haya convivencia, se mejore la democracia, y se encuentren apropiados caminos de igualdad, progreso y convivencia. La guerra es muerte, atraso, destrucción, odio y ruina, como lo hemos sufrido  en los últimos 50 años.

Es una torpeza infinita desear que continúen las masacres y la quiebra económica e institucional. No se preocupan por la paz los que teniendo grandes recursos carecen de conciencia social, los que se pueden costear su propia seguridad, los que tienen la familia en el exterior y sus hijos no van al ejército. Por eso no les importa. Ahhh, y los caídos del zarzo que se emboban  con las consignas atrabiliarias  de sus jefes políticos y no piensan que en últimas también son víctimas del conflicto armado.

Buscar la convivencia es difícil. Las incomprensiones y las insensateces son enormes, y muchos, en el gobierno, en la milicia, en la política, pagan caro su compromiso con la paz. El primero de ellos ha sido el Presidente Santos.

Ojalá esto lo tenga en cuenta la guerrilla. Si está creyendo que por estos lares todo es cantando y bailando, se equivoca. Hay mucho contradictor en el ambiente. Hay oposición política, reticencias, fastidio, malquerencias a la paz. Claro, muchísimos la apoyamos con decisión, pero es necesario que las Farc sean  más consecuentes. “El palo no está para cucharas”.

 

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