ENTIDADES TRADICIONALES SIN ÁNIMO DE LUCRO: ¿SUBSISTEN?

A raíz de las dificultades que suelen presentar las actuales entidades sin ánimo de lucro, como sucede con las Universidades, los hospitales, las fundaciones y asociaciones, resulta necesario no solo la revisión de su regulación legal, sino, ante todo, la concepción y la funcionalidad que suele dárseles.

Porque si bien es cierto que las entidades sin ánimo de lucro fueron el germen de las actividades privadas en beneficio de la sociedad, lo cierto es que su desarrollo ha variado a través de la historia.

En efecto: Inicialmente surgen como fundaciones, esto es, como capital destinado por el acaudalado para fines sociales (v.gr. caridad), hasta su agotamiento, sin la perspectiva de su conservación y fortalecimiento. Pero posteriormente surgen los esfuerzos conjuntos (v.gr. asociaciones) para beneficios sociales, que han tomado diversas naturalezas, como los de fondos mutuos, cooperativas, partidos políticos y empresas sociales.

.No obstante lo anterior las entidades sin ánimo de lucro actualmente se caracterizan, no porque no persigan obtener lucro, esto es, utilidades, ganancias, provechos, compensaciones, contraprestaciones, aportes, etc.; sino porque no distribuyen utilidades entre sus miembros sino que ellos, se reinvierten en su sostenimiento, ampliación y renovación, sin perjuicio del reconocimiento de ciertos beneficios a sus asociados.

De allí que las entidades que no entiendan su función estén destinadas a desaparecer o a depender de sus miembros. Lo primero suele obedecer debido a los incrementos de gastos y a la tendencia de sus miembros a vivir parasitariamente del presupuesto de la persona jurídica, tal como también suele suceder en ciertas empresas familiares. Y lo segundo acontece, por ejemplo, con las asociaciones que dependen de cuotas de sostenimiento de sus miembros o de aportes externos o estatales, porque estos no permiten su crecimiento, sino que, por el contrario, facilita su decrecimiento como consecuencia del incremento de gastos en sus relaciones económicas.

Lo anterior encierra la necesidad de que estas Entidades hagan un replanteamiento de la explotación del patrimonio privado y su función social, a fin de hacerlas no solo sostenibles sino también progresivas.

Autor: Observador Universal

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